Relaciones virtuales: ¿el fin de la soledad?

Relaciones virtuales: ¿el fin de la soledad?

El aislamiento y las dificultades para armar y sostener vínculos, dicen, son los males que se vienen

La necesidad de contacto, de completud, del otro, se vuelve ansiedad, angustia, desesperación. En ese marco, la computadora y las famosas redes sociales nos llenan de amigos y pretendientes, amantes y hasta eventuales esposos, cientos y miles de ¿fanáticos? de las palabras que tecleamos. ¿Es cierto? ¿Así de fácil? Pensemos.

La comunicación entre los géneros, el encuentro, el desencuentro, la búsqueda del “otro” que nos complete, que nos permita construir el “nosotros” que tanto deseamos, la soledad como abandono. Tanto dicho y tanto escrito sobre un tema jamás concluido.

“Las mujeres son unas histéricas, los hombres son unos fóbicos”. Es lo que denunciamos sin parar entre nuestros pares. Imaginamos estrategias nuevas, repetimos las antiguas, con el incuestionable intento de construir vínculo. La cultura lo determina, el corazón lo pide a gritos, la cotidianeidad nos aprieta. Pesa estar solos.

Construímos argumentos para brindarle cierto privilegio a la soledad, la emblematizamos, la asociamos con la tan mentada libertad, la conexión con lo esencial de cada uno como sujeto, la añorada salida ante la amenaza de una nueva frustración en tan compleja búsqueda. Y aún así, sosteniendo entre nuestras manos elevadas al cielo la banderita del: “¡qué bien se está solo/a”, el desesperado intento de hallar un compañero/a, un amigo/a, no cede, no cesa.

Y en este enjambre de inacabados intentos surge, inexorable y contundente, el nuevo formato de comunicación virtual. ¡¡¡Maravilloso!!! De un instante al otro, casi sin darnos cuenta y gracias a un simple aprendizaje cibernético nos encontramos con cientos de amigos, viejos, nuevos, apenas conocidos, absolutamente desconocidos, a la vez que conseguimos miles de candidatos, encantadores, nabos, jóvenes, ancianos, perversos, proyectos de futuro marido o esposa. Somos felices, estamos chochos, tenemos infinidad de vínculos, varios grupos sociales catalogados por ítems: los pares, los colegas, los pretendientes, los desechables, los inalcanzables.

Y tan simple que resultaba, y nosotros que creíamos todo perdido, con sólo teclear algunas letras (pocas), porque todo se sintetiza, porque podemos leer entrelíneas, imaginar lo no dicho, fantasear lo deseado por decir y mil opciones más. ¿No es fantástico? Miles de seres humanos solos, en pijama o deshabillé, con los anteojos de leer, un cigarrillo y una copita de algo, frente a nuestra computadora, construímos mundos enormes, tan parecidos a los soñados, tan esperanzadores. Podemos amarnos en sólo un ratito y podemos odiarnos un ratito después, podemos hacer complicidades a espaldas de todos y frente a todos. Les borramos lo que les sobra y les dibujamos lo que les falta y así los hacemos a nuestra medida.

Estamos llenos de relaciones de todo tipo y color, tenemos varios sitios donde encontrarnos y lo fantástico es que siempre pero siempre hay alguien detrás de la máquina.

Un nuevo mundo se abre ante nosotros y nos sumergimos en él a nuestras anchas.

Sip, seee, mmmm, bs, ta, toy, y tantas palabras nuevas aprendidas a diario, rápidas e inmediatas, reales y ficticias. Muy particular, sin duda.

Para cerrar, comparto una anécdota que recorté en el día del amigo.

Llamo a una amiga a la que sé muy sola en estos últimos tiempos. La llamo en un intento de acompañarla en este tramo de su insistente soledad. Me responde exultante, feliz como hace rato que no la escucho. Me dice, atropellando las palabras: —Hola, ¿cómo estás?, yo regia. ¿Te acordás que el año pasado lloraba porque en el día del amigo no recibí ningún llamado ni mensaje ni mail? ¿Te acordás que te decía que a nadie le importaba hacer contacto conmigo? ¿Te acordás que te hablaba de mi frustración e impotencia al respecto? Pues ahora no me alcanza el tiempo para contestar los cientos de saludos de mis cientos de amigos de Facebook, Plaxo, Hi 5, Match.com, Zona citas y tantos otros. Ya ves amiga, soy una privilegiada.

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