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Razones para no salir con una persona
Razones para no salir con una persona

Razones para no salir con una persona

Aunque nuestras expectativas cambien con los años, hay elecciones y renuncias que se hacen de una vez por todas. Ejemplo: de mi primera experiencia, conservo la lista donde anoté el tipo de persona con la que no estoy dispuesta a salir y las actitudes que no me gustaría tener. Prácticamente la lista no ha cambiado, y funciona de ida y vuelta, porque uno no puede pedir lo que no está dispuesto a dar. Se las comparto porque pienso que podría serle útil a quien también esté transitando por el azaroso camino del encuentro sentimental.

1. No te hace sentir como su compañer@
Compañero viene del francés copain, con el que se comparte el pan; después de cierta edad uno ya no piensa en un novio, sino en un compañero para la vida. Sé que no lo es cuando habla de mí como una posesión o un territorio, cuando me trata como un lindo accesorio que adorna su brazo en las reuniones, o cuando considera, sin conocerme bien, que soy la persona «idónea» para presentarle a su familia. No es buen compañero cuando uno necesita contención o solidaridad, y el otro no sabe qué hacer, incluso desaparece del mapa con cualquier pretexto. No es un compañero si no le importa lo que hagas, más allá de cumplir cabalmente con el papel que él o ella te han asignado en la relación.

2. No te sientes libre para expresarte
Cualquier cosa que dices es malinterpretada o ignorada. Sientes que no puedes moverte ni hablar con confianza, que si no contestas un mensaje a los cinco minutos, es probable que te lleves una letanía de reproches. Censura tu forma de vestir o de hablar, hace comentarios negativos sobre tu aspecto o tu cuerpo. Te infunde temor, te tacha de loca o de exagerada cuando quieres expresar tu desacuerdo.

3. Le teme a la intimidad
No da lugar al diálogo, la confidencia o los espacios de intimidad; prefiere saturar el tiempo de actividades, hablar de temas de «actualidad» o comentar la vida de los demás, pone música, enciende la televisión o se conecta a internet para evitar entrar en situaciones que lo hagan sentir expuesto o vulnerable.

4. No tiene un proyecto personal
Más allá de cumplir con lo que se espera de él (o de ella), no tiene un proyecto de crecimiento personal. Ser mejor ser humano, entregar algo al mundo, cultivar su consciencia y su espíritu, practicar valores éticos o estéticos son cosas que, a su parecer, «hacen los hippies». La plataforma de sus relaciones es la vanidad, no el autoestima.

5. Juez permanente
No sólo se siente con el derecho de juzgarte, también juzga a tus amigos, a tu familia y a tus compañeros de trabajo. No acepta que haya matices en las relaciones; divide al mundo en blanco o negro, bueno o malo, útil o inútil, amigos o enemigos, feo o bonito, rico o pobre, etc.

6. Avaros emocionales
Cuando le planteas un problema o un proyecto personal, no muestra empatía. «Te hace el favor» de escucharte (de quererte, de salir contigo, de invitarte a comer). Siente que cualquier opinión puede comprometerlos de más, incluso se siente aludido cuando hablas acerca de un tercero; como no se atreve a hablar directamente de sus afectos, piensa que los demás hablan también con alusiones o especulaciones. Sus críticas rara vez son constructivas y no sabe dar consejos de corazón.

7. Monopoliza el uso del tiempo
El reloj que manda es el suyo, por lo tanto, sus tiempos y tus ritmos deben ajustarse a la disposición del otro. Lo curioso es que esas personas no consideran necesario modificar ese pensamiento. Ejemplo: quedaron de ir a casa de tus amigos, pero llegarán tarde porque a él o ella se le atravesó, de último minuto, un importantísimo programa en la televisión.

8. Te descalifica
En una discusión, se pone a la defensiva y siempre quiere tener la última palabra; usualmente recurre a la amenaza o a la manipulación para hacerte sentir culpable o demostrar que exageras, algo como: «pero después no te quejes cuando yo haga esto», «claro, como tú eres perfecta» o «si no fuera por mí…».

9. Te considera insuficiente
Todo el tiempo te está poniendo a prueba. Por más que le expliques que tú no estás ahí para cumplir sus expectativas, la otra persona siente que estás en falta. No importa lo que hagas o lo que dejes de hacer, nunca será suficiente. La base de esta «deuda» está en que el otro dice amarte más de lo que tú lo amas, y quizás sea cierto, pero eso no implica que el otro debe «ganarse» su excedente de amor cumpliendo los caprichos del otro.

10. El futuro es una renuncia
Pensar el futuro juntos implica renunciar a tus proyectos. No hay negociación o conjunción posible, ni siquiera alternancia (hoy por ti, mañana por mí). El futuro es la película que el otro imaginó, y tú estás haciendo casting para ver si cumples con el personaje de su historia.

11. Sexo: el placer es suyo
En materia sexual, como en los demás ámbitos, no hay espacio para tus deseos, tus ritmos o tus juegos. Y si tratas de negociar o cambiar la dinámica, el otro se siente herido (en su ego) o cuestionado, y comienza un juego malsano de restricciones y chantajes.

Fuente: http://ar.mujer.yahoo.com/

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